martes, 12 de octubre de 2010
JOAN SUTHERLAND (1926-2010): IN MEMORIAM
viernes, 24 de septiembre de 2010
Vittorio Primo

martes, 21 de septiembre de 2010
El Tenor
Ahora que se ha metido a barítono, da gusto recordar a Plácido Domingo como el cantante que siempre fue, sin duda el tenor más completo, dramática y musicalmente, de la segunda mitad del siglo XX. Aquí le tenemos, en París en 1977, un joven y apasionado Rodolfo, caldeando la helada mano de Mimí. Diez años después, en el mismo papel en Londres, me haría llorar de emoción.
domingo, 15 de agosto de 2010
Elogio del descamisado
¿Quién iba a pensar que esta foto tomada a un chico ceutí en calle Larios hace cinco años pudiera convertirse en nostálgico souvenir de lo que fue y nunca más será? ¿Quién podría imaginar que ciudades mediterráneas tan proclives a los calores térmicos y corporales, con tradiciones milenarias que han celebrado la pagana alegría de vivir sin tapujos ni constricciones, iban a terminar prohibiendo (Sitges) o negando el pan y la bebida (Málaga) a aquellos que se pasearan con el torso desnudo? La medida de los restauradores malagueños, que algunos pretenden extender, más allá de los locales, a la mismísima calle, se justifica por el deseo de dignificar la feria del centro de la ciudad, donde se viene observado un deterioro en las actitudes y comportamientos de cierta parte de los asistentes. O dicho en plata, como aseguraba una entrevistada en la radio, “que hay mucha chusma”. Y no es sorprendente, quizás, que la mayoría apoye la iniciativa. Si casi nadie se detiene a analizar la complejidad de los problemas, aún menos reparan en la simpleza de los remedios propuestos.
Porque vamos a ver. Los lamentables efectos colaterales de la feria del centro (consumo desordenado y sin control de alcohol, músicas pachangueras a volúmenes que envidiarían los torturadores de Guantánamo, malos olores de orina y vómitos, una suciedad que te llega hasta el alma…) no son provocados sólo por un determinado sector de gente incívica y maleducada. La chusma de nuestra señora. Pero para qué perder el tiempo con sutilezas. Además, por lo visto, esta calaña se hace notar fácilmente por la particular costumbre de quitarse la camiseta. O sea chusma igual a descamisado y viceversa. De aquí, en el colmo de la simplificación, se concluye que la solución a la degeneración de nuestra feria es vestir al desnudo o negarle el servicio. Es como pretender remediar el problema de los funcionarios desconsiderados con el ciudadano obligándoles a llevar corbata.
Hay que decirlo claro. Sí, la feria de Málaga en el centro ha degenerado en un espectáculo deplorable. Vivo en el centro y la sufro cada año, cuando no me escapo a Barcelona. Pero las razones son complejas y las soluciones tendrían que contemplar medidas de largo y corto plazo, desde un programa serio de educación cívica en los colegios hasta una mayor vigilancia policial y castigo ejemplar de los infractores de las normativas municipales. Obligar a nuestro chico de Ceuta a tapar su hermoso torso, con tantas horas de esfuerzo y gimnasio detrás, no parece sin embargo que contribuya mucho a mejorar la imagen de nuestra feria. Más bien a lo contrario. Un físico bello, más que los farolillos de papel o desde luego la nueva portada, alegra la vista y embellece el ambiente de una feria. La celebración de la belleza física, desde las fiestas cretenses, tiene un abolengo milenario en la cultura mediterránea, que la presión judeocristiana –desconfiada del cuerpo, cárcel del alma- nunca consiguió reprimir del todo. ¿Es casualidad que San Sebastián con su hermoso torso asaetado fuera uno de los temas iconográficos más populares de la pintura religiosa?
Hoy más que nunca, con cotas de libertad impensables hace un par de generaciones, tenemos derecho a celebrar nuestro cuerpo y afirmar que su gozo no es libertinaje. Nada más bello que un hermoso torso descamisado. En la perfección física del cuerpo humano comprendió Miguel Angel la sabiduría del diseño divino. Nuestro desarrollo económico no sólo se manifiesta en la urbanización desaforada y en la destrucción del paisaje, sino afortunadamente, gracias a la mejor calidad de vida, también en un mayor atractivo físico de nuestros jóvenes, que con razón se sienten orgullosos de sus cuerpos. Querer mostrarlos en días de jolgorio callejero y calor sofocante es lo natural. Intentar cubrirlos, escudándose en dudosas nociones de civismo y “buen gusto”, resulta como mínimo pacato, si no una vuelta a esa vieja tradición de la España negra que, tapándolo, pretendía negar el cuerpo y sus gozos.
Foto: Bartolomé Mesa
lunes, 26 de julio de 2010
Domingo en el Real: E vo gridando oé, oé, oé

Aún hoy, con algunos años más de los 69 confesados, Domingo conserva un timbre bellísimo, notas resonantes y fraseo impecable, además de ser un músico de gran sensibilidad y un artista de rara penetración dramática. Que haya querido que su último nuevo papel fuera para barítono puede interpretarse como un capricho de la edad, pero sin duda debió atraerle la grandeza moral del personaje de Simon Boccanegra, un lider pacifista salido del pueblo que muere soñando una patria fraternalmente unida. Prueba del poder de su nombre es que lo haya cantado en los últimos meses, con general aclamación, en Milán, Berlín, Nueva York y Londres, antes de hacerlo durante tres funciones en Madrid. Yo acudí con interés a la segunda y no puedo decir que saliera defraudado. Sin embargo, algo no acabó de funcionar.
Me resulta difícil señalar exactamente el problema. Desde luego Inva Mula (que sustituyó a una oficialmente enferma Angela Gheorghiu), tenía las notas, además de 30 cm de tacón, y las cantó con sensibilidad, pero la suya es una de esas voces eficientes que se olvidan apenas escuchada. Más desigual resultó la aportación de Marcello Giordani, un tenor de notas inseguras, a ratos chirriantes, junto a frases de resplandeciente belleza. Ferruccio Furlanetto exhibió una voz magnífica y su escena en el último acto con Domingo (los dos enfrentados y separados por la fría escenografía de Michael Scott) fue el punto álgido de toda la noche, cuando la emoción palpitó a flor de piel.
Y aquí puede que esté la raíz de mi insatisfacción. Recuerdo todas las óperas de Domingo con mi pulso acelerado, una alteración física que, para mí, marca esas raras noches de ópera en las que música, canto y drama se combinan milagrosamente para elevarme por momentos a otro plano. Esta noche tuvo demasiados tramos de rutina, de mi espalda retrepada contra el respaldo de la butaca. No quiero decir que Domingo no pusiera toda la carne en el asador, pero quizás no tenía suficiente carne. Eché a faltar esa energía, esa frisson que puntuaron consistentemente todas las representaciones con Domingo. ¿Puede que los años -los suyos y los míos- hayan reducido los grados de excitación? Quiero pensar que no. Tampoco ayudó que el timbre de su voz, obviamente de tenor, pareciera a veces amordazado, y sin llegar a producir la riqueza de colores que todo buen barítono tiene en su paleta. Domingo derrochó arte, pero parecían faltarle pinceles para pintar adecuadamente su lienzo.
La ovación final de casi 25 minutos -dicen que un récord en el Real-, a la que se unió doña Sofía, de pie todo el rato y con los brazos sobre su regia cabeza, obedece a razones que escapan a la actuación del día y Domingo la tiene bien merecida. Pero cuando cesó el aplauso y el cantante pudo asomarse al balcón del teatro para saludar al público que había seguido la representación en una gran pantalla y entonó una canción de Madrid y el campeones, oé, oé, oé, con una roja alrededor de su cuello, pudimos finalmente disfrutar de su voz, ya libre en su registro, tan hermosa y acariciadora como siempre.
Ahora se prepara para cantar Rigoletto, el bufón claro, en Mantua y alrededores (en lugares reales de la acción), para una transmisión internacional en directo. Luego, ¿quién sabe? No me extrañaría que le metiera mano a Macbeth. Los teatros quedarán rendidos a sus pies. Pero yo no haré cola.

Fotos:
1. Clínicamente efectiva escenografía de Michael Scott (Teatro Real).
2. Giordani, Domingo, Mula y Furlanetto, casi 25 minutos saludando (Bartolomé Mesa).
sábado, 17 de julio de 2010
Mis lecturas del verano

Robert Capa
Ligeramente desenfocado
La Fábrica, 2009
Destino, 2010

Princenton University Press, 2009


