miércoles, 13 de julio de 2011

SENTO LA GIOIA: TAMERLANO EN EL LICEU


Qué noche la del pasado sábado, 9 de julio, en el Liceu. Cuatro horas de ópera seria barroca -en versión concierto encima- volaron y permanecerán en mi recuerdo como una de las veladas operísticas más memorables de mi vida. Por supuesto Tamerlano es una cumbre de la obra dramática de Handel, compuesta en 1724, el mismo año que Giulio Cesare, e inmediatamente antes que Rodelinda, obras maestras absolutas todas ellas. Pero Tamerlano además, sin duda debido a la reciente llegada a Londres y disponibilidad del famoso tenor italiano Francesco Borosini, terminó siendo una obra bastante inusual e incluso única dentro del panorama operístico de su tiempo. Para empezar, su papel de Bajazet, noble sultán turco sometido por el mongol Tamerlano, ofrece a un tenor de tesitura media y potente expresividad dramática una oportunidad de lucimiento rara en la ópera barroca y, con mayor número de arias, incluso competir -algo totalmente insólito- con el primer y secondo uomos, ambos castrados, de acuerdo con las preferencias vocales de la época, y estrellas oficiales de la representación. Además, en la escena final muere sobre las tablas -otra novedad- con dos emotivos y dramáticos ariosos, separados por recitativo, que subrayan la grandezza de su amor paternal -tema central de la ópera- y la superioridad moral de su personaje. Curiosamente también, el papel principal, encomendado al célebre Senesino (Francesco Bernardi), no es el de Tamerlano -creado por un tal Andrea Pacini-, sino el de Andrónico, general griego a las órdenes del momgol y enamorado de Asteria, hija de Bajazet, que estrenó la famosísima y veleidosa soprano Francesca Cuzzoni. El otro papel femenino, Irene, princesa de Trabisonda y prometida de Tamerlano, fue encargado a una cantante de más baja tesitura en lugar de a la otra soprano del momento, Fausta Bordoni. Seguramente Handel estaba cansado de esa rivalidad de reinas que vendía entradas a costa de infinitos dolores de cabeza. La voz de bajo, más apreciada en el barroco que la de tenor, cuenta solo con un aria en el papel de Leone, confidente de Andrónico. El repentino empeño de Tamerlano de desposar a la hija del rival derrotado desencadena una tormenta de pasiones encontradas y crea todo el conflicto dramático, en la mejor tradición de la ópera barroca.

El Liceu, aunque sin invertir en una costosa producción como el Real hace tres años, compensó reuniendo un espectacular reparto de estrellas, a excepción de Plácido Domingo todas ellas debutando en ópera en el teatro de las Ramblas. Si bien la mezzosoprano Anne Sofie von Otter, que cantó con eficiencia su coloratura, exhibió una voz algo débil y excesivamente madura para el papel de Irene. A la atractiva Sarah Fox se le escaparon algunos estridentes agudos. Pero su Asteria tuvo la determinación y presencia dramática requeridas, con bello timbre y soltura en las agilidades, uniéndose memorablemente con la voz de Max Emanuel Cencic en el maravilloso dúo Vivo in te del acto III. Cencic es un notable contratenor croata, con facilidad tanto en la coloratura como en el canto spianato elegíaco y, aparte de un grito puntual haciendo las veces de agudo, brilló en el exigente papel de Andrónico. Aunque, vista su actuación en el Teatro Real, yo hubiera preferido a Sara Mingardo. Plácido Domingo, aclamado con bravos desde la primera intervención, a sus 70 años constituye un insólito milagro vocal. Conserva el bronce de su bello timbre de tenor con tintes baritonales, exhibe inteligencia en el fraseo -aunque el recitativo barroco no sea su fuerte- y derrocha perspicacia interpretativa en el personaje dramáticamente más rico de la ópera, debatiéndose entre las severas demandas de su honor y las tiernas inclinaciones de su amor paternal. Despachó con eficiencia la coloratura de sus arias de furore y fue tremendamente emotivo en su última escena. Con todo, a ratos parecía reforzar el apoyo del diafragma con sus manos y el esfuerzo que realizaba era demasiado evidente. Sobre todo frente a la desenvuelta exhibición de canto ofrecida por Bejun Mehta, que, con fascinante presencia vocal, elevó su papel de secondo uomo -con menos arias- a protagonista absoluto de la ópera.

Las agilidades de sus temibles arias, complicadas por él aún más en los ornamentados da capos, parecían en su voz juego de niños. Mehta podría haber cantado igualmente Andrónico, con más oportunidades para exhibir el legato y canto spianato del que ofrece inmaculadas muestras en su espectacular disco de arias de Handel (Ombra Cara. Harmonia Mundi). Pero el cínico Tamerlano le permite un canto de agilidad más vistoso. De ambas facetas del belcantismo demuestra ser maestro un contratenor que ha venido a derribar mi antigua preferencia por la voz de una contralto como Stuzmann para estos papeles imposibles de castrados. Creo que Bejun Mehta me transporta, como ningún otro cantante, a lo que debió ser el placer belcantista barroco. La suya es una voz bellísima y homogénea en todos los registros, poderosa y expresiva, segura en el agudo -forte o piano- y con un sensible uso del registro de pecho, una rareza entre los contratenores. De hecho, al contrario que con Cencic -que tiene voz de menos cuerpo y proyección, propia de su cuerda-, con Mehta enseguida olvidas que escuchas a un contratenor. Este es simplemente un gran cantante, produciendo un sonido glorioso y entregado con abandono al brillante artificio del barroco, cuando la voz humana, y particularmente la del castrado, reinó suprema. Por ello resultó apropiado -y en línea con las prácticas de ese tiempo- que Mehta sustituyera el aria Bella gara che faranno, de comienzo del segundo acto, por una más festiva y pirotécnica, Sento la gioia, con obligato de trompeta, de otra ópera handeliana (Amadigi di Gaula) -algo vergonzosamente inadvertido por toda la crítica especializada de la prensa.


El hecho de que, menos Bejun Mehta y Sarah Fox, todos leyeran su papel partitura en mano deslució algo la función, menoscabando los encomiables esfuerzos de expresión dramática. Particularmente en el caso de Domingo, que incluso leyó su emotiva escena final. Era como contemplar una sesión de grabación en estudio y en ciertos momentos preferí cerrar los ojos. La reducida orquesta del Gran Teatre del Liceu sonó ágil y apropiadamente barroca en manos de William Lacey, que supo mantener equilibrados tempi y producir un sonido brillante pero a la vez acomodado a las voces, que no tapó en ningún momento. El cuarto de hora de ovaciones finales -con sendas capturas de ramos de flores al vuelo por parte de Domingo y Mehta- estuvo justificado. No sólo aplaudimos la leyenda de Domingo -razón por la que buena parte del público acudiría al teatro esa noche-, sino también una soberbia ópera, muy bien servida por un conjunto notable de voces, y particularmente la de Bejun Mehta, para mí la estrella más brillante del presente universo operístico.




(A pesar de la deficiente toma de sonido, el primer y tercer videoclips -grabados en la función reseñada por un espectador con más valor que yo- ilustran dos momentos culminantes de la representación: última aria de Tamerlano en el acto III y muerte de Bajazet al final de la ópera. En el segundo videoclip, de promoción de su disco Ombra Cara (Harmonia Mundi), Mehta canta el aria "Sento la gioia" (Amadigi di Gaula) , con la que sustituyó el aria de Tamerlano del acto II. Finalmente, durante los aplausos finales alcancé al menos a grabar las capturas de ramos de flores.)


sábado, 18 de junio de 2011

UN TEST



Bonito y rápido test para comprobar si tenemos una mente -yo no diría sucia- algo condicionada por las hormonas. ¿Nada más mirar la ilustración no has visto la primera letra del alfabeto adornada con dos circulitos, sino cosa bien distinta? Pues ya sabes, la tienes. Como yo, que por más que miro no consigo ver la vocal.

domingo, 29 de mayo de 2011

EXPLOSIVO NIKOLAÏ LUGANSKY



Con un programa centrado en List -delicado y potente Valle de Oberman, sentido Isolden's libestod, encantador Juegos de agua de la Villa d'Este, tres explosivos Estudios de ejecución trascendental...-, pero que también incluyó el Carnaval de Viena de Schumann como desenfadado calentamiento, Nicolaï Lugansky ofreció anoche en la Sala Maria Cristina de Málaga (que, con agregados tras el intermedio, terminó abarrotada a pesar de la Final de Copa de Europa) un concierto realmente memorable. Con prodigiosa técnica, acarició y golpeó al instrumento como no recuerdo haber visto nunca. Elegante y de buena planta, el pianista exhibió un alarde de virtuosismo que por momentos nos transportó a esa edad del Romanticismo decimonónico, donde el piano reinó supremo en los privilegiados Salones europeos. Arropado por el bello y adecuado entorno, el resultado fue casi mágico. Yo, que comencé con ocasionales miradas al partido de fútbol en mi iPhone (de hecho llegué a celebrar el primer gol de Pedrito con los Juegos de agua como banda sonora), pronto acabé por concentrarme exclusivamente en el deslumbrante concierto. Cuando alguien arranca sonidos semejantes al piano, ni el Barça puede competir.






(Grabé los tres bises y aquí los cuelgo, como ilustración. A pesar de la inadecuada toma de sonido, creo que pueden apreciarse las cualidades soberbias del intérprete).

domingo, 8 de mayo de 2011

COCA-COLA: 125 AÑOS DE EFERVESCENCIA











Un día como hoy
, hace siglo y cuarto, un señor de Atlanta con dolor de cabeza entró buscando remedio en la farmacia de un tal John Pemberton, que le vendió un brebaje -de su propia imvención-, una mezcla de semillas de cola y hojas de coca -sí, de esa, de esa coca- y, aunque no sabemos si le quitó la jaqueca, debió quedar bastante contento. Pronto se le añadió gas y se la puso al fresco, comercializándose por 5 centavos como bebida refrescante para calmar la sed. Frank Robinson le dio nombre y diseñó caligráficamente uno de los logos más universales de la historia. Pemberton acabó vendiendo su fórmula por 2.300 dólares y la nueva empresa empezó la fulminante conquista del mundo. Bandera de América del Norte como Superman, la chispa de la vida se convirtió pronto en símbolo del arrasador imperialismo estadounidense. Pero también como icono cultural, consagrado en museos por Andy Warhol, ha llegado al último rincón del planeta. A mí, con muchísimo hielo, no hay bebida que me guste más. Quizás me encanta el cosquilleo en la garganta más que ese indefinible sabor que hoy cumple 125 años. Sé que no debe ser bueno, pero la bebo como el agua y no podía pasar por alto este aniversario. La vida sería más aburrida sin su efervescencia.


viernes, 22 de abril de 2011

SOLEDAD TRAS LA BUENA MUERTE



No sé si se contagiaron los hermanos de la Cofradía de Mena de la temeridad que se le supone a los caballeros legionarios. Pero en un Jueves Santo de tormenta, gris y frio, aprovecharon un clarillo -dicen que animados por el pronóstico meteorológico de la NASA- para sacar a sus titulares. Los únicos que recorrieron las calles ese día. Iban con algo de prisa, el itinerario recortado, pero allí estaban los novios de la Muerte, los nazarenos y las bandas de música. La Virgen de la Soledad, estrenando manto nuevo y todo. Así pasaron frente a mi iPhone, camino de la Alameda.

miércoles, 20 de abril de 2011

Y LLORÓ HASTA LA CORNETA


La lluvia suele estropear las procesiones de Semana Santa en Málaga y este año no ha sido una excepción. La Cofradía de la Sangre, con sede al lado de mi casa, por temor al aguacero anunciado para la madrugada, suspendió su salida. El ambiente estaba frío y la tristeza se respiraba mezclada con el incienso. A un jovencísimo hombre de trono no lo consolaban ni los besos de su novia. Las lágrimas brotaban con facilidad. Y, como se ve aquí, en mi último video de procesiones, durante el modificado recorrido del Cristo de las Penas, en la plaza Montaño lloró hasta la corneta.

domingo, 17 de abril de 2011

DE MI BALCÓN A YOUTUBE (con perdón)


Son mis primeros vídeos en YouTube y son malos, malos... Lo sé. Pero, tras años dándole vueltas, por fin me he decidido a publicar un vídeo en internet. Es tan fácil hacerlo desde el iPhone -con el que he grabado esto desde el balcón de mi casa este mediodía y esta madrugada de Domingo de Ramos- que uno se explica las chorradas que se cuelgan. Bueno, como ésta. El próximo será mejor. Espero.